Indignados o comprometidos

Desde la perspectiva que da el llevar más de 10 años viviendo fuera de España desarrollando mi labor artística, me doy cuenta que los artistas en general, y los músicos en particular,  deberíamos tomar mayor consciencia del papel que nos toca desempeñar en esta época crucial de cambios. Especialmente en España.

La mayoría de nosotros nos hemos formado en un clima social donde la música, junto con las demás disciplinas artísticas, era una quimera intelectual para la mayor parte de la ciudadanía, manteniéndonos alejados de la realidad social y haciendo que ésta escapase de nosotros como reacción de pánico irracional a lo desconocido. El papel de los que entonces dirigían nuestros pasos, debería haber sido el de aquellos que estableciesen puentes entre la sociedad y los (futuros) artistas, facilitando una relación de dependencia intelectual y emocional que habría hecho hoy en día más fácil encarar los momentos de crisis económica y de valores que estamos atravesando.

En mi opinión la música está en nuestra sociedad más presente que los propios músicos. A su vez los músicos (artistas) estamos indignados también porque nuestros políticos nos quieren desterrar de la sociedad a base de recortes presupuestarios. Indignados también porque la cultura no es una inversión social sino un gasto superfluo y prescindible. Y nos llevamos las manos a la cabeza por tamaña aberración. Pero era algo inevitable y tenemos parte de responsabilidad en todo ello, igual que nuestros queridos y comprendidos indignados de Sol y tantas otras plazas mundiales. Cuando las cosas iban bien, no había espacio para la indignación. Pero tampoco para el compromiso.

Mientras el sistema funcionaba, nadie se preocupó por aquello que, como artistas, no estábamos haciendo bien. Vivimos mucho tiempo de espaldas a la sociedad sin darle aquello que necesitaba de nosotros. Esa labor e inversión pedagógico-social, tan evidente ahora que hacemos balance echando la vista atrás, no podemos aplazarla más. Debemos ponernos al mismo nivel que la sociedad de manera humilde y sincera como ya lo hicieron gente con visión de futuro como Federico García Lorca con su Barraca teatral. Siempre con la calidad por bandera pero sin divismos ni espasmos excéntricos.

Es tiempo para la indignación sin duda. Pero lo es mucho más para el compromiso.

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15M cultural

Vivimos una época convulsa donde los intereses económicos priman sobre cualquier otro valor. Nuestra sociedad depende de un sistema democrático donde la participación ciudadana, la verdadera esencia del sistema, es cuando menos dudosa. Nuestros valores sociales se han diluido en este marasmo comercial en el que se ha convertido nuestra convivencia cotidiana.

De repente y sin que casi nadie contara con ello, se ha producido una fisura en lo que nuestros políticos llaman juego democrático. Muchos ciudadanos en todo el mundo han decidido que ese juego ya no es el suyo y se han unido para buscar soluciones en un movimiento de indignados. Indignados sociales que claman por transparencia en todos los niveles sociales, económicos y políticos de este sistema que se agota.

Sin embargo pienso que la indignación inicial se está olvidando de aquello que realmente nos hace diferentes: la cultura. Desde este blog quiero reivindicar un espacio en esa indignación colectiva para una indignación pacífica cultural. La economía depende tanto de la cultura como de cualquier otro factor inherente a ella, ya que es aquella la que nos humaniza y nos ha dado las herramientas necesarias para progresar como especie desde que vivíamos en las cavernas.

Cualquier manifestación cultural, tiene un valor socio-pedagógico de una potencia mayor que aquello que nos quieren vender como necesario para estimular nuestros mercados financieros. Y es por eso por lo que en tantos y tantos países, se está intentando asfixiar todo aquello que nos haga más humanos y por lo tanto más independientes. Y la cultura, el arte y la educación se han convertido en los primeros objetivos de esta crisis. La excusa, muy fácil: no hay dinero.

Por eso me gustaría comenzar una serie de artículos desde donde iniciar un debate sobre las carencias de nuestra sociedad y de la importancia de la cultura en cualquier iniciativa que permita el cambio de nuestro modelo social o económico. La creatividad necesaria para ello no puede surgir sin utilizar el  arte y la cultura como elemento esencial en esa nueva sociedad que pretendemos. No caigamos en la trampa de luchar con sus mismas armas. Utilicemos las nuestras: las de nuestro capital  cultural y artístico.

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